Julián Sobrino Simal: «No me gustan las subastas culturales y el Hermitage está en esas prácticas»

Quién diría que hubo un pasado industrial en Sevilla.

Efectivamente lo hubo. Todas las ciudades nacen vinculadas a la producción. Sevilla tanto en su época preindustrial en el XVI como en la industrial durante el XIX y XX fue una ciudad fabril. Destaquemos el siglo XVIII con las reales fábricas más importantes de España.

Tal vez haya muchos sevillanos que desconozcan que donde la familia Morel fundió la Giraldilla se levantó luego la fábrica de Artillería.

Exacto, en San Bernardo, Juan Morel padre y Bartolomé Morel hijo, tenían un taller de forja muy importante que trabajaba para la Corona y para particulares.

Por cierto, allí se fundieron cañones para la carrera americana…

La Real Fábrica de Artillería suministro cañones tanto a la flota americana como a fortificaciones de La Habana y Cartagena de Indias. Más conocidos son sus fundiciones del Tenebrario de la Catedral, el Mercurio del Alcázar Daoiz, Velarde y los leones del Congreso.

Se da por bueno que la Real Fábrica será sede del Proyecto Magallanes. Pero aún sobraría espacio para un programa más amplio ¿No le parece?

Pienso que la fábrica de Artillería debe aspirar a un proyecto complementario del actual en desarrollo. Yo apostaría por la ciencia y la tecnología, en un proyecto que denomino Lonja-Tech, donde habría espacios de investigación, dedicados a la gobernanza, arqueología, movilidad, energía y vivienda.

¿Ve a Sevilla compitiendo por ser sede franquicia del Hermitage?

No me gustan las subastas culturales. Y ahora mismo el Hermitage y otros museos del mundo han entrado en esas prácticas. Yo creo que Sevilla tiene dos asignaturas pendientes: la renovación museística en BB.AA., Arqueológico, Arte y Costumbres populares. Y los vacíos, la falta de espacio dedicado al museo de la ciudad de Sevilla, de la industrialización y América.

Lo de América es increíble…

Lo que es increíble es que la Universidad sevillana todavía no haya desarrollado el museo del tabaco.

¿Sabemos las condiciones que ponen los rusos para ser la sede preferida para el Hermitage?

Particularmente no las conozco más allá de lo que ha dicho la prensa en relación con lo que piden en Barcelona y en Málaga. Deduzco de esas informaciones que Hermitage es más un proyecto de ocio que de cultura.

Se lo pregunto porque lo mismo buscan más la vertiente mercantil, legítima siempre y cuando el dinero público no lo socorra, que el museístico…

Por supuesto. La inversión pública debe destinarse a potenciar el sector público cuando hay carencias evidentes.

También es incuestionable que esa sede enriquecería la oferta de la ciudad ¿No lo cree?

Está claro que el Hermitage en cualquier ciudad incrementaría la oferta cultural. Siempre y cuando fuera cultural con sus propios presupuestos.

Da la sensación de que en planificación museística vamos como pollos sin cabeza, con faldas y a lo loco, sin un plan global y predeterminado.

Hay veintinueve espacios museísticos en Sevilla según el plan director de patrimonio inmueble municipal. Y habrá que establecer una planificación con esos espacios.

¿Y no le parece insostenible para una ciudad como Sevilla contar con 29 posibles museos?

Me parece inviable su gestión.

Retomemos el hilo de la ciudad industrial. ¿Lo que se hizo con Hytasa y en Málaga con Intelhorce tiene nombre?

Sí, su nombre es ausencia de visión a medio plazo de la Junta en relación con el sector textil.

¿Por qué se entregaron esas fábricas y lo que suponían con tamaña insensibilidad?

No fue insensibilidad, fue ignorancia. Rompieron el proceso de desmotado, hilado y confección. Y al mismo tiempo desactivaron el tejido laboral y social de los barrios cercanos. Aquí tenemos el ejemplo del Cerro del Águila.

El algodón sevillano es de alta calidad, como el del valle del Indo o el del Nilo. Pero el desmontaje industrial hace que ese algodón venga de vuelta manufacturado con acento italiano.

Ahora mismo Andalucía produce aproximadamente 190.000 toneladas de algodón. Imagínese lo que sería manejar ese tonelaje en una industria textil andaluza. Hoy nos llega ese algodón como manufactura internacional.

El desmontaje industrial sevillano se cifra en las décadas de los setenta y ochenta. ¿El turismo ocupó su lugar?

El turismo no puede ser el monocultivo de Sevilla. Hay que combinarlo con producción e innovación.

Nevando algodón
A finales de octubre se pierde por las carreteras de la Vega para comprobar que en Sevilla sí nieva y que los campos de algodón lo demuestran. Es manchego. Y nos eligió en el 87 para vivir, enseñar, investigar y escribir una parte de nuestra historia que no es de uso común: la industrial. Ha dado clases en las Tres mil Viviendas y sabe distinguir la Sevilla de postal de la real. Reconoce a Juan Manuel Suárez Garmendia como uno de sus faros universitarios que le dirigió su tesis sobre “La arquitectura industrial sevillana 1830-1950”. Le gusta de la ciudad lo que no se conoce, las Sevillas invisibles. Y se duele que el mejor cahíz de la tierra esté devaluado. Su rincón preferido en la Real Fábrica de Artillería.Quién diría que hubo un pasado industrial en Sevilla.

Efectivamente lo hubo. Todas las ciudades nacen vinculadas a la producción. Sevilla tanto en su época preindustrial en el XVI como en la industrial durante el XIX y XX fue una ciudad fabril. Destaquemos el siglo XVIII con las reales fábricas más importantes de España.

Tal vez haya muchos sevillanos que desconozcan que donde la familia Morel fundió la Giraldilla se levantó luego la fábrica de Artillería.

Exacto, en San Bernardo, Juan Morel padre y Bartolomé Morel hijo, tenían un taller de forja muy importante que trabajaba para la Corona y para particulares.

Por cierto, allí se fundieron cañones para la carrera americana…

La Real Fábrica de Artillería suministro cañones tanto a la flota americana como a fortificaciones de La Habana y Cartagena de Indias. Más conocidos son sus fundiciones del Tenebrario de la Catedral, el Mercurio del Alcázar Daoiz, Velarde y los leones del Congreso.

Se da por bueno que la Real Fábrica será sede del Proyecto Magallanes. Pero aún sobraría espacio para un programa más amplio ¿No le parece?

Pienso que la fábrica de Artillería debe aspirar a un proyecto complementario del actual en desarrollo. Yo apostaría por la ciencia y la tecnología, en un proyecto que denomino Lonja-Tech, donde habría espacios de investigación, dedicados a la gobernanza, arqueología, movilidad, energía y vivienda.

¿Ve a Sevilla compitiendo por ser sede franquicia del Hermitage?

No me gustan las subastas culturales. Y ahora mismo el Hermitage y otros museos del mundo han entrado en esas prácticas. Yo creo que Sevilla tiene dos asignaturas pendientes: la renovación museística en BB.AA., Arqueológico, Arte y Costumbres populares. Y los vacíos, la falta de espacio dedicado al museo de la ciudad de Sevilla, de la industrialización y América.

Lo de América es increíble…

Lo que es increíble es que la Universidad sevillana todavía no haya desarrollado el museo del tabaco.

¿Sabemos las condiciones que ponen los rusos para ser la sede preferida para el Hermitage?

Particularmente no las conozco más allá de lo que ha dicho la prensa en relación con lo que piden en Barcelona y en Málaga. Deduzco de esas informaciones que Hermitage es más un proyecto de ocio que de cultura.

Se lo pregunto porque lo mismo buscan más la vertiente mercantil, legítima siempre y cuando el dinero público no lo socorra, que el museístico…

Por supuesto. La inversión pública debe destinarse a potenciar el sector público cuando hay carencias evidentes.

También es incuestionable que esa sede enriquecería la oferta de la ciudad ¿No lo cree?

Está claro que el Hermitage en cualquier ciudad incrementaría la oferta cultural. Siempre y cuando fuera cultural con sus propios presupuestos.

Da la sensación de que en planificación museística vamos como pollos sin cabeza, con faldas y a lo loco, sin un plan global y predeterminado.

Hay veintinueve espacios museísticos en Sevilla según el plan director de patrimonio inmueble municipal. Y habrá que establecer una planificación con esos espacios.

¿Y no le parece insostenible para una ciudad como Sevilla contar con 29 posibles museos?

Me parece inviable su gestión.

Retomemos el hilo de la ciudad industrial. ¿Lo que se hizo con Hytasa y en Málaga con Intelhorce tiene nombre?

Sí, su nombre es ausencia de visión a medio plazo de la Junta en relación con el sector textil.

¿Por qué se entregaron esas fábricas y lo que suponían con tamaña insensibilidad?

No fue insensibilidad, fue ignorancia. Rompieron el proceso de desmotado, hilado y confección. Y al mismo tiempo desactivaron el tejido laboral y social de los barrios cercanos. Aquí tenemos el ejemplo del Cerro del Águila.

El algodón sevillano es de alta calidad, como el del valle del Indo o el del Nilo. Pero el desmontaje industrial hace que ese algodón venga de vuelta manufacturado con acento italiano.

Ahora mismo Andalucía produce aproximadamente 190.000 toneladas de algodón. Imagínese lo que sería manejar ese tonelaje en una industria textil andaluza. Hoy nos llega ese algodón como manufactura internacional.

El desmontaje industrial sevillano se cifra en las décadas de los setenta y ochenta. ¿El turismo ocupó su lugar?

El turismo no puede ser el monocultivo de Sevilla. Hay que combinarlo con producción e innovación.

Nevando algodón
A finales de octubre se pierde por las carreteras de la Vega para comprobar que en Sevilla sí nieva y que los campos de algodón lo demuestran. Es manchego. Y nos eligió en el 87 para vivir, enseñar, investigar y escribir una parte de nuestra historia que no es de uso común: la industrial. Ha dado clases en las Tres mil Viviendas y sabe distinguir la Sevilla de postal de la real. Reconoce a Juan Manuel Suárez Garmendia como uno de sus faros universitarios que le dirigió su tesis sobre “La arquitectura industrial sevillana 1830-1950”. Le gusta de la ciudad lo que no se conoce, las Sevillas invisibles. Y se duele que el mejor cahíz de la tierra esté devaluado. Su rincón preferido en la Real Fábrica de Artillería.

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