José García Jiménez, ‘El Sentencia’: el color de su pasión

Vivió en la calle Parras, en la misma casa que Marta Serrano, la saetera que alimentó la vida de un jazmín en un jardincillo de la basílica con las cenizas de lo que fue, cuyas flores abrían en la noche más hermosa del año para perfumarnos con la letra de un reproche: «Te fuiste cuatro días/Y tardas siete en volver/Madre mía Macarena/¡¡No nos lo vuelvas a hacer!!» En aquella casa de Parras, donde los balcones temblaban cantando y la primavera se aturullaba con el resplandor de las esmeraldas, vivió El Sentencia una vida de libro, una existencia que reclama tinta y muchos puntos suspensivos. Su pasión fue de color. De un solo color. El morado. Que es el color que… Ver MásVivió en la calle Parras, en la misma casa que Marta Serrano, la saetera que alimentó la vida de un jazmín en un jardincillo de la basílica con las cenizas de lo que fue, cuyas flores abrían en la noche más hermosa del año para perfumarnos con la letra de un reproche: «Te fuiste cuatro días/Y tardas siete en volver/Madre mía Macarena/¡¡No nos lo vuelvas a hacer!!» En aquella casa de Parras, donde los balcones temblaban cantando y la primavera se aturullaba con el resplandor de las esmeraldas, vivió El Sentencia una vida de libro, una existencia que reclama tinta y muchos puntos suspensivos. Su pasión fue de color. De un solo color. El morado. Que es el color que… Ver Más

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