Este domingo de puente en Sevilla… ni el alfiler

A las doce de la mañana, los más previsores ya estaban en el Centro de Sevilla. Muchos optaron por acercarse al corazón de la urbe en transporte público para evitar el tedioso peregrinaje por los aparcamientos en busca de una plaza libre. Sirva de ejemplo la parada de metro de San Juan bajo, que se quedó sin sitio pasado el mediodía como si fueran las ocho de la mañana de un día laborable cualquiera. Otros no quisieron renunciar a su vehículo y acabaron aparcando en el entorno del Puente Alamillo o en la Isla de la Cartuja, donde la estampa recordaba a los días grandes de Semana Santa. El domingo de puente apuntaba a calles atestadas de personas, colas y ambiente navideño. Y así ha sido.

Los hosteleros sevillanos viene alertando de cancelaciones en las comidas y cenas de Navidad ante el aumento de contagios y la incidencia de la nueva variante ómicron. Un diagnóstico que compartían los hoteleros días atrás, que prevén una ocupación media del 75% a lo largo de un periodo festivo que aún no ha atravesado su ecuador. Sin embargo, lo que se ha visto este domingo por las calles parece llevarles la contraria. El entorno de la avenida de la Constitución, Plaza Nueva, San Francisco, Sierpes y Catedral ha sido un hervidero de visitantes. Antes incluso de que apeteciera tomarse la primera cerveza del día, era difícil encontrar sitio en las terrazas que se despliegan en los lugares más estratégicos. Porque a esa hora, los extranjeros ya piensan en comer.

GALERÍA
Buscar un mesa sin reserva es misión casi imposible en estos días a pesar de que se estén produciendo cancelaciones. La demanda cubre rápidamente los huecos de las agendas. La otra opción es esperar al último turno de servicio en aquellos establecimientos que doblan mesas. «Tenemos todo reservado desde hace una semana y aún así siguen llegando reservas, incluso quieren reservar un hueco en barra», señala Sonia, cocinera de un restaurante junto al Archivo de Indias. En este establecimiento, situado en sitio clave porque a pocos pasos tiene los monumentos más visitados, han notado mucha clientela extranjera a pesar de los malos augurios. Si bien es el turismo nacional el principal comensal en sus mesas.

«Tenemos todo reservado desde hace una semana y aún así siguen llegando reservas, incluso quieren reservar un hueco en barra»

Por la puerta de San Miguel, una lengua interminable de personas accedía al templo catedralicio. «Hemos visto las puertas abiertas, que no pedían entrada y hemos pasado», cuenta una visitante procedente de Castellón, que se ha encontrado por casualidad con la muestra «Pange Lingua: Custodias de Sevilla». La exposición que organiza el Consejo de Hermandades es gratuita los domingos; lo que ha propiciado un público masivo. Además, los visitantes han tenido la oportunidad de ver a cierta distancia a la Virgen de los Reyes subida en su palio, preparada para la salida extraordinaria del martes.

Copla para comprar lotería en el despacho del Gato Negro

Rocío Ruz
Las colas han sido las compañeras inevitables del día. Había que hacerla para pagar en las tiendas, para visitar el belén de Cajasol, para ir al servicio, para coger mesa en la terraza y, por supuesto, para comprar lotería. La fila de fieles al despacho del Gato Negro de la avenida de la Constitución no dejaba de nutrirse de nuevos parroquianos. El perfil medio: turista español que espera encontrar la suerte en su sitio de vacaciones. Otras administraciones como la de La Campana también sorteaban como podían la llegada incesante de clientes.

Mascarillas al aire libre
Por las estrecheces de Sierpes se hacía complicado pasear porque en pocos metros llegaban a coincidir grupos de turistas con sus guías al frente que a pesar de llevar micros se hacían oír a duras penas; los tunos cantando clavelitos y los que salían y entraban de los comercios cargados de bolsas. La inmensa mayoría de tiendas abrió este domingo y lo volverá a hacer este miércoles, cuando se espera la otra jornada fuerte del puente precisamente por la actividad comercial. En la esquina con Sagasta una familia trataba de hacer una fotografía al letrero que recuerda que aquella calle se llamó en su día de los gallegos. «Mira como nosotros», ríe una señora cuyo acento cantarín delata su procedencia.

En Sevilla se ha vivido este domingo la normalidad de antes pero con mascarillas. No eran pocos los que han optado por llevarla puesta en la calle porque era difícil mantener la distancia de seguridad en todo momento.

Si a la jornada le faltaba algún aliciente, ya estaba la Virgen de la Candelaria para poner el primer paso de palio en la calle tras dos años y aportar el sabor cofrade. Esto movilizó al público sevillano que a pesar de ser reacio a las bullas, no quería perderse ese momento tan esperado. Por eso en este domingo de recuerdo de la festividad de la Constitución, preludio de la Inmaculada e impregnado por la Navidad, si hubo un ausente, fue el recuerdo de que aún seguimos en pandemia.A las doce de la mañana, los más previsores ya estaban en el Centro de Sevilla. Muchos optaron por acercarse al corazón de la urbe en transporte público para evitar el tedioso peregrinaje por los aparcamientos en busca de una plaza libre. Sirva de ejemplo la parada de metro de San Juan bajo, que se quedó sin sitio pasado el mediodía como si fueran las ocho de la mañana de un día laborable cualquiera. Otros no quisieron renunciar a su vehículo y acabaron aparcando en el entorno del Puente Alamillo o en la Isla de la Cartuja, donde la estampa recordaba a los días grandes de Semana Santa. El domingo de puente apuntaba a calles atestadas de personas, colas y ambiente navideño. Y así ha sido.

Los hosteleros sevillanos viene alertando de cancelaciones en las comidas y cenas de Navidad ante el aumento de contagios y la incidencia de la nueva variante ómicron. Un diagnóstico que compartían los hoteleros días atrás, que prevén una ocupación media del 75% a lo largo de un periodo festivo que aún no ha atravesado su ecuador. Sin embargo, lo que se ha visto este domingo por las calles parece llevarles la contraria. El entorno de la avenida de la Constitución, Plaza Nueva, San Francisco, Sierpes y Catedral ha sido un hervidero de visitantes. Antes incluso de que apeteciera tomarse la primera cerveza del día, era difícil encontrar sitio en las terrazas que se despliegan en los lugares más estratégicos. Porque a esa hora, los extranjeros ya piensan en comer.

GALERÍA
Buscar un mesa sin reserva es misión casi imposible en estos días a pesar de que se estén produciendo cancelaciones. La demanda cubre rápidamente los huecos de las agendas. La otra opción es esperar al último turno de servicio en aquellos establecimientos que doblan mesas. «Tenemos todo reservado desde hace una semana y aún así siguen llegando reservas, incluso quieren reservar un hueco en barra», señala Sonia, cocinera de un restaurante junto al Archivo de Indias. En este establecimiento, situado en sitio clave porque a pocos pasos tiene los monumentos más visitados, han notado mucha clientela extranjera a pesar de los malos augurios. Si bien es el turismo nacional el principal comensal en sus mesas.

«Tenemos todo reservado desde hace una semana y aún así siguen llegando reservas, incluso quieren reservar un hueco en barra»

Por la puerta de San Miguel, una lengua interminable de personas accedía al templo catedralicio. «Hemos visto las puertas abiertas, que no pedían entrada y hemos pasado», cuenta una visitante procedente de Castellón, que se ha encontrado por casualidad con la muestra «Pange Lingua: Custodias de Sevilla». La exposición que organiza el Consejo de Hermandades es gratuita los domingos; lo que ha propiciado un público masivo. Además, los visitantes han tenido la oportunidad de ver a cierta distancia a la Virgen de los Reyes subida en su palio, preparada para la salida extraordinaria del martes.

Copla para comprar lotería en el despacho del Gato Negro

Rocío Ruz
Las colas han sido las compañeras inevitables del día. Había que hacerla para pagar en las tiendas, para visitar el belén de Cajasol, para ir al servicio, para coger mesa en la terraza y, por supuesto, para comprar lotería. La fila de fieles al despacho del Gato Negro de la avenida de la Constitución no dejaba de nutrirse de nuevos parroquianos. El perfil medio: turista español que espera encontrar la suerte en su sitio de vacaciones. Otras administraciones como la de La Campana también sorteaban como podían la llegada incesante de clientes.

Mascarillas al aire libre
Por las estrecheces de Sierpes se hacía complicado pasear porque en pocos metros llegaban a coincidir grupos de turistas con sus guías al frente que a pesar de llevar micros se hacían oír a duras penas; los tunos cantando clavelitos y los que salían y entraban de los comercios cargados de bolsas. La inmensa mayoría de tiendas abrió este domingo y lo volverá a hacer este miércoles, cuando se espera la otra jornada fuerte del puente precisamente por la actividad comercial. En la esquina con Sagasta una familia trataba de hacer una fotografía al letrero que recuerda que aquella calle se llamó en su día de los gallegos. «Mira como nosotros», ríe una señora cuyo acento cantarín delata su procedencia.

En Sevilla se ha vivido este domingo la normalidad de antes pero con mascarillas. No eran pocos los que han optado por llevarla puesta en la calle porque era difícil mantener la distancia de seguridad en todo momento.

Si a la jornada le faltaba algún aliciente, ya estaba la Virgen de la Candelaria para poner el primer paso de palio en la calle tras dos años y aportar el sabor cofrade. Esto movilizó al público sevillano que a pesar de ser reacio a las bullas, no quería perderse ese momento tan esperado. Por eso en este domingo de recuerdo de la festividad de la Constitución, preludio de la Inmaculada e impregnado por la Navidad, si hubo un ausente, fue el recuerdo de que aún seguimos en pandemia.

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