En el Alcázar hay dulces para todos los sevillanos

Eran las ocho y media de la mañana y no había un alma por las calles de Sevilla. La rasca dominaba el lugar y los veinte minutos que duró la caminata del periodista hasta el Alcázar no fueron suficientes para aumentar su temperatura corporal. También parecían heladas las primeras apariciones de la mañana: una considerable cola de clientes, que no visitantes, en la puerta de acceso por el Patio de Banderas. Aguardaban extramuros del monumento, casi una hora antes de la apertura e inauguración de la XXXVII exposición y venta de dulces de conventos de clausura.

A la par fue la llegada del Arzobispo de Sevilla, monseñor Saiz Meneses. Más ovacionada ésta, aunque tampoco fuera difícil, que la del plumilla. «¡Qué alegría nos ha dado su llegada, monseñor!», le decía una señora desde la cola. «Sevilla es una maravilla», le contestaba el Arzobispo entre agradecimientos. Mandando también un bromista mensaje a todos aquellos sevillanos madrugadores: «Pueden estar tranquilos que los dulces bendecidos por el arzobispo no engordan». Todos sonreían con el innegable don de gentes de monseñor Saiz Meneses.

 Monseñor Saiz Meneses estuvo acompañado por el delegado Juan Carlos Cabrera

Rocío Ruz
Una vez dentro del monumento, y ya rebasado el Salón de los Tapices, la temperatura corporal se disparó. Primeramente más por la vista que por el estómago. Qué cantidad de dulces: seis mil kilos de pasteles fragmentados en doscientas noventa variedades. Es el retorno del paraíso de los golosos, tras dos años de ayuno forzoso. Carencia que se ha hecho notar en los conventos de Sevilla y su provincia, y por eso animaba el Arzobispo a «endulzar la mesa familiar y a colaborar con el sostenimiento de conventos y monasterios, auténtico pulmón espiritual en medio de nuestro mundo».

Dieciocho conventos de Sevilla
De los casi veinte conventos expuestos en la muestra, uno llamaba especialmente la atención. Era la mesa correspondiente al Convento de San Clemente. Estaba vacía, adornada únicamente con un limosnero acompañado de un letrero: «Este año el obrador se hundió justo antes de empezar la campaña de Navidad. Estarán de obras varios meses y perderán los ingresos de la temporada alta».

Alrededor de este trágico puesto, dieciocho conventos: seis de la capital (agustinas de San Leandro, jerónimas de Santa Paula, clarisas de Santa Inés, dominicas de Madre de Dios, carmelitas de Santa Ana y clarisas de Santa María de Jesús) y doce de la provincia (Constantina, Morón, Alcalá, Estepa, Marchena, Carmona, Bormujos y Utrera).

Estas ventas de dulces de Navidad suponen un ingreso imprescindible para su sustento, ya que las monjas de clausura no salen a pedir a la calle, no tienen subvención de ningún tipo y viven de su trabajo. Y como explican desde su organización, «consumir productos de las monjas es una forma de valorar, conservar y perpetuar nuestro rico patrimonio gastronómico y cultural». Los productos están elaborados artesanalmente en sus respectivos obradores y la gran mayoría proceden de recetas seculares.

Hasta el próximo martes
La exposición permanecerá abierta hasta el próximo martes, día 7 de diciembre, de 10 a 19 horas. La entrada es gratuita, y se podrán comprar dulces de los dieciocho conventos expuestos. La visita turística ha sido desviada del Palacio Gótico para evitar aglomeraciones y sólo se podrá acceder a estas dependencias para la muestra y venta de dulces.

Cabe recordar que en 2020 los conventos de clausura batieron su récord de ventas, pese a que la pandemia impidió la celebración de la muestra, y que cuentan con el sello de calidad concedido por el Ayuntamiento de Sevilla ‘Ora et labora’, ya que cumplen los requisitos de estar hechos en los obradores de los conventos por monjas de clausura que trabajan en oración y silencio.Eran las ocho y media de la mañana y no había un alma por las calles de Sevilla. La rasca dominaba el lugar y los veinte minutos que duró la caminata del periodista hasta el Alcázar no fueron suficientes para aumentar su temperatura corporal. También parecían heladas las primeras apariciones de la mañana: una considerable cola de clientes, que no visitantes, en la puerta de acceso por el Patio de Banderas. Aguardaban extramuros del monumento, casi una hora antes de la apertura e inauguración de la XXXVII exposición y venta de dulces de conventos de clausura.

A la par fue la llegada del Arzobispo de Sevilla, monseñor Saiz Meneses. Más ovacionada ésta, aunque tampoco fuera difícil, que la del plumilla. «¡Qué alegría nos ha dado su llegada, monseñor!», le decía una señora desde la cola. «Sevilla es una maravilla», le contestaba el Arzobispo entre agradecimientos. Mandando también un bromista mensaje a todos aquellos sevillanos madrugadores: «Pueden estar tranquilos que los dulces bendecidos por el arzobispo no engordan». Todos sonreían con el innegable don de gentes de monseñor Saiz Meneses.

 Monseñor Saiz Meneses estuvo acompañado por el delegado Juan Carlos Cabrera

Rocío Ruz
Una vez dentro del monumento, y ya rebasado el Salón de los Tapices, la temperatura corporal se disparó. Primeramente más por la vista que por el estómago. Qué cantidad de dulces: seis mil kilos de pasteles fragmentados en doscientas noventa variedades. Es el retorno del paraíso de los golosos, tras dos años de ayuno forzoso. Carencia que se ha hecho notar en los conventos de Sevilla y su provincia, y por eso animaba el Arzobispo a «endulzar la mesa familiar y a colaborar con el sostenimiento de conventos y monasterios, auténtico pulmón espiritual en medio de nuestro mundo».

Dieciocho conventos de Sevilla
De los casi veinte conventos expuestos en la muestra, uno llamaba especialmente la atención. Era la mesa correspondiente al Convento de San Clemente. Estaba vacía, adornada únicamente con un limosnero acompañado de un letrero: «Este año el obrador se hundió justo antes de empezar la campaña de Navidad. Estarán de obras varios meses y perderán los ingresos de la temporada alta».

Alrededor de este trágico puesto, dieciocho conventos: seis de la capital (agustinas de San Leandro, jerónimas de Santa Paula, clarisas de Santa Inés, dominicas de Madre de Dios, carmelitas de Santa Ana y clarisas de Santa María de Jesús) y doce de la provincia (Constantina, Morón, Alcalá, Estepa, Marchena, Carmona, Bormujos y Utrera).

Estas ventas de dulces de Navidad suponen un ingreso imprescindible para su sustento, ya que las monjas de clausura no salen a pedir a la calle, no tienen subvención de ningún tipo y viven de su trabajo. Y como explican desde su organización, «consumir productos de las monjas es una forma de valorar, conservar y perpetuar nuestro rico patrimonio gastronómico y cultural». Los productos están elaborados artesanalmente en sus respectivos obradores y la gran mayoría proceden de recetas seculares.

Hasta el próximo martes
La exposición permanecerá abierta hasta el próximo martes, día 7 de diciembre, de 10 a 19 horas. La entrada es gratuita, y se podrán comprar dulces de los dieciocho conventos expuestos. La visita turística ha sido desviada del Palacio Gótico para evitar aglomeraciones y sólo se podrá acceder a estas dependencias para la muestra y venta de dulces.

Cabe recordar que en 2020 los conventos de clausura batieron su récord de ventas, pese a que la pandemia impidió la celebración de la muestra, y que cuentan con el sello de calidad concedido por el Ayuntamiento de Sevilla ‘Ora et labora’, ya que cumplen los requisitos de estar hechos en los obradores de los conventos por monjas de clausura que trabajan en oración y silencio.

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