El nuncio del Papa impone el palio al arzobispo de Sevilla

El arzobispo de Sevilla ha recibido el palio arzobispal este sábado en Sevilla. El acto de entrega del citado palio arzobispal por parte del nuncio apostólico en España al arzobispo de Sevilla ha tenido lugar en una ceremonia celebrada este sábado en la Catedral de Sevilla en la que monseñor José Angel Saiz ha dicho que el palio se convierte «en símbolo de nuestro amor a Cristo Buen Pastor, y de que, unidos a Él, debemos amar a todas las personas, en particular a los heridos» y que ser pastores en la Iglesia de Cristo significa justamente «participar en esta tarea, que el palio nos recuerda».

Al comienzo de la ceremonia, el nuncio apostólico, Bernardito Auza, ha explicado el sentido de la imposición del palio. Seguidamente, monseñor Saiz se ha acercado al nuncio y se ha arrodillado ante él para hacer la profesión de fe y el juramento de fidelidad y obediencia.

Una vez realizado el juramento, el diácono ha tomado el palio y se lo ha llevado al nuncio, quien lo ha impuesto sobre los hombros de monseñor Saiz. Éste último ha resaltado que le recuerda a Cristo, que «como buen Pastor carga sobre sus hombros a la oveja perdida, para llevarla de nuevo a casa», además de recalcar que es «un símbolo de unidad y vínculo de comunión y de caridad entre las Iglesias particulares».

«Quiero expresar mi gratitud, en primer lugar, al Santo Padre, el Papa Francisco, que me nombró arzobispo de esta amada archidiócesis de Sevilla y me entregó el palio arzobispal el pasado 29 de junio», ha dicho el arzobispo tras recibir el palio, tejido con la lana de los corderos que el Obispo de Roma bendice todos los años en la fiesta de Santa Inés.

El citado palio es una banda de lana blanca que se impone sobre los arzobispos para destacar su calidad de legítimo sucesor de los Apóstoles y de cabeza de la diócesis de la cual es pastor. Su entrega, otorga una gran responsabilidad y compromiso al pastor respecto de su rebaño.

Un collar
Se trata de una cinta blanca de siete centrímetros de anchura, circular, que lleva bordadas seis cruces de seda negra, cuatro de las cuales están equidistantes en la parte circular (dos de ellas encima de las extremidades) y las otras dos en las extremidades; éstas van al final recubiertas de seda también negra. Se coloca como un collar que va de hombro a hombro, de modo que las extremidades pendan, a igual altura, una en el pecho y la otra en la espalda. Basta para dar fijeza al palio el plomo que se coloca dentro de las extremidades.

Se confecciona con la lana procedente de dos corderos blancos que se crían en el convento romano de Santa Úrsula y que los subdiáconos apostólicos cuidan de que el día de Santa Inés sean llevados en un caballo, pasando por delante del Vaticano, a la iglesia que, dedicada a esta santa, existe en la Vía Nomentana de Roma.

En la misa solemne que aquel día se dice en esta iglesia y al llegar al rezo del Agnus Dei, se presentan los corderos por los religiosos de la misma iglesia a dos canónigos de San Juan de Letrán, los cuales los entregan, a su vez, a los indicados subdiáconos que cuidan de esquilarlos, entregando la lana a dichas religiosas de Santa Úrsula para hilarla con otra común y tejerla formando la faja de los palios en los que las mismas monjas bordan las cruces (las cuatro que van en la parte circular dícese que significa las cuatro virtudes cardinales de que debe estar adornado quien reciba el palio, aunque San Germán, patriarca de Constantinopla, dice que expresan la cruz de Jesucristo, significando que quien recibe el palio debe cargar con ella).

Los palios confeccionados se bendicen en la vigilia de San Pedro por el Papa o por el cardenal que celebre el pontifical en la basílica de San Pedro, encerrándolos en una caja que se coloca en la silla que usó el príncipe de los apóstoles, junto al cuerpo de éste, de donde los saca el decano de la Rota Romana cuando hayan de distribuirse.

A la ceremonia de imposición, además del nuncio apostólico en España, han asistido los arzobispos eméritos de Sevilla, el cardenal Carlos Amigo y monseñor Juan José Asenjo y, los obispos de las diócesis de Córdoba, Cádiz y Ceuta, Asidonia-Jerez, Huelva, Canarias y Tenerife. Además han estado presentes el alcalde de Sevilla, Juan Espadas, y numerosos miembros de la corporación municipal además la consejera de Cultura, Patricia del Pozo, y otros politicos y personalidades sevillanas.El arzobispo de Sevilla ha recibido el palio arzobispal este sábado en Sevilla. El acto de entrega del citado palio arzobispal por parte del nuncio apostólico en España al arzobispo de Sevilla ha tenido lugar en una ceremonia celebrada este sábado en la Catedral de Sevilla en la que monseñor José Angel Saiz ha dicho que el palio se convierte «en símbolo de nuestro amor a Cristo Buen Pastor, y de que, unidos a Él, debemos amar a todas las personas, en particular a los heridos» y que ser pastores en la Iglesia de Cristo significa justamente «participar en esta tarea, que el palio nos recuerda».

Al comienzo de la ceremonia, el nuncio apostólico, Bernardito Auza, ha explicado el sentido de la imposición del palio. Seguidamente, monseñor Saiz se ha acercado al nuncio y se ha arrodillado ante él para hacer la profesión de fe y el juramento de fidelidad y obediencia.

Una vez realizado el juramento, el diácono ha tomado el palio y se lo ha llevado al nuncio, quien lo ha impuesto sobre los hombros de monseñor Saiz. Éste último ha resaltado que le recuerda a Cristo, que «como buen Pastor carga sobre sus hombros a la oveja perdida, para llevarla de nuevo a casa», además de recalcar que es «un símbolo de unidad y vínculo de comunión y de caridad entre las Iglesias particulares».

«Quiero expresar mi gratitud, en primer lugar, al Santo Padre, el Papa Francisco, que me nombró arzobispo de esta amada archidiócesis de Sevilla y me entregó el palio arzobispal el pasado 29 de junio», ha dicho el arzobispo tras recibir el palio, tejido con la lana de los corderos que el Obispo de Roma bendice todos los años en la fiesta de Santa Inés.

El citado palio es una banda de lana blanca que se impone sobre los arzobispos para destacar su calidad de legítimo sucesor de los Apóstoles y de cabeza de la diócesis de la cual es pastor. Su entrega, otorga una gran responsabilidad y compromiso al pastor respecto de su rebaño.

Un collar
Se trata de una cinta blanca de siete centrímetros de anchura, circular, que lleva bordadas seis cruces de seda negra, cuatro de las cuales están equidistantes en la parte circular (dos de ellas encima de las extremidades) y las otras dos en las extremidades; éstas van al final recubiertas de seda también negra. Se coloca como un collar que va de hombro a hombro, de modo que las extremidades pendan, a igual altura, una en el pecho y la otra en la espalda. Basta para dar fijeza al palio el plomo que se coloca dentro de las extremidades.

Se confecciona con la lana procedente de dos corderos blancos que se crían en el convento romano de Santa Úrsula y que los subdiáconos apostólicos cuidan de que el día de Santa Inés sean llevados en un caballo, pasando por delante del Vaticano, a la iglesia que, dedicada a esta santa, existe en la Vía Nomentana de Roma.

En la misa solemne que aquel día se dice en esta iglesia y al llegar al rezo del Agnus Dei, se presentan los corderos por los religiosos de la misma iglesia a dos canónigos de San Juan de Letrán, los cuales los entregan, a su vez, a los indicados subdiáconos que cuidan de esquilarlos, entregando la lana a dichas religiosas de Santa Úrsula para hilarla con otra común y tejerla formando la faja de los palios en los que las mismas monjas bordan las cruces (las cuatro que van en la parte circular dícese que significa las cuatro virtudes cardinales de que debe estar adornado quien reciba el palio, aunque San Germán, patriarca de Constantinopla, dice que expresan la cruz de Jesucristo, significando que quien recibe el palio debe cargar con ella).

Los palios confeccionados se bendicen en la vigilia de San Pedro por el Papa o por el cardenal que celebre el pontifical en la basílica de San Pedro, encerrándolos en una caja que se coloca en la silla que usó el príncipe de los apóstoles, junto al cuerpo de éste, de donde los saca el decano de la Rota Romana cuando hayan de distribuirse.

A la ceremonia de imposición, además del nuncio apostólico en España, han asistido los arzobispos eméritos de Sevilla, el cardenal Carlos Amigo y monseñor Juan José Asenjo y, los obispos de las diócesis de Córdoba, Cádiz y Ceuta, Asidonia-Jerez, Huelva, Canarias y Tenerife. Además han estado presentes el alcalde de Sevilla, Juan Espadas, y numerosos miembros de la corporación municipal además la consejera de Cultura, Patricia del Pozo, y otros politicos y personalidades sevillanas.

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