El naranjo adolescente

Como si fuese uno más de los actos autorizados por los decretos que regulan las diferentes fases a través de las que se va reinstaurando en nuestra vida eso que denominan ‘normalidad’, esta mañana descubrí un naranjo lunario, ante el cual debí detener en seco la matutina caminata con la que inauguro cada día. El naranjo en cuestión era un ejemplar enclenque, raquítico, diría incluso que chuchurrío; un verdadero desecho de tienta comparado con el trapío y la planta de sus colegas de hilera, erguidos sobre enhiestos troncos y exhibiendo ufanos en lo más alto el verdor de sus frondosas copas, de las que colgaban verdes naranjas del tamaño de pelotas de tenis. Este ejemplar en cambio, joven acaso, era… Ver MásComo si fuese uno más de los actos autorizados por los decretos que regulan las diferentes fases a través de las que se va reinstaurando en nuestra vida eso que denominan ‘normalidad’, esta mañana descubrí un naranjo lunario, ante el cual debí detener en seco la matutina caminata con la que inauguro cada día. El naranjo en cuestión era un ejemplar enclenque, raquítico, diría incluso que chuchurrío; un verdadero desecho de tienta comparado con el trapío y la planta de sus colegas de hilera, erguidos sobre enhiestos troncos y exhibiendo ufanos en lo más alto el verdor de sus frondosas copas, de las que colgaban verdes naranjas del tamaño de pelotas de tenis. Este ejemplar en cambio, joven acaso, era… Ver Más

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