Antonio Navarro: «Todo lo que aprendí de maletilla me sirve ahora para gestionar la plaza de Osuna»

Un día, se levantó usted, hizo el maco y se fue haciendo autostop buscando tentaderos. Así fue su ingreso en la carrera ¿me equivoco?

Así fue. Buscaba ser figura del toreo y dejé mi casa con trece años. Me eché a las carreteras con un único objetivo: buscar tentaderos para hacerme torero.

¿Qué descubrió siendo un maletilla?

Lo bonito que es el toreo y conocer a figuras del toreo. Me hice un hombre siendo un niño.

Eran tiempos para soñar y torear lo que se moviese. También de hacer amistades inseparables, como en la guerra ¿no?

Amigos para siempre, como dice la canción. Allí a conocí a Cantito, Calerito y José Olivencia. Es como si los hubiera conocido en la compañía de un ejército en guerra. Se traban amistades inseparables.

Quién le enseñó a caminar por las carreteras y saber, por ejemplo, en Medina Sidonia, qué camino había que coger para ir a un tentadero.

Esos tres que te acabo de contar. Pero no solo por Medina Sidonia, sino por todos los caminos de España y Portugal. Con días que comíamos y otros que había que pedir para un bocadillo de tocino.

En algunos de esos tentaderos usted coincidió con los almirantes de la fiesta. ¿Lo trataron como a un incauto o como a un náufrago en lo alto de una patera?

Me trataron con mucho cariño. Y te hablo de figuras como Dámaso González, Espartaco, Curro Romero, José María Manzanares, Enrique Ponce, Joselito…

Manzanares padre lo dejó sin dormir una semana entera…

Me recogió un día haciendo autostop y me preguntó para dónde iba. Yo le dije que a una tienta en la finca de Torre Alta. Y el me dijo que no, que ese día me iba con él a Carlos Núñez. Estuve una semana sin dormir de la alegría.

Luego creo que fue su banderillero en dos o tres festivales…

Así es, tuve la fortuna de torear con el maestro en dos o tres festivales. Para mi fue cumplir otro sueño, torear a sus órdenes.

Más de ciento y pico de corridas toreó usted con picadores y sin picadores. Y también sufrió las corná de los animalistas…

En muchas ocasiones. Recuerdo bajar de la furgoneta de los toreros y escuchar insultos como estos: criminal, maltratador, ojalá te matara un toro. Nunca me quedé callado y les contestaba que eran malas personas.

De todo aquel aprendizaje qué sacó en claro para torear en la vida?

El respeto, la educación y aspirar a hacer alguien en la vida. Quiero devolverle a mis abuelos y a mis padres el esfuerzo que hicieron por sacarme adelante. Yo era de una familia muy popular.

Se puede decir que usted se hizo empresario de la plaza de toros a base cornadas?

A mí un toro me abrió la barriga en Almería, otro de la Quinta me abrió el muslo en la Maestranza, otro en Abenójar me partió la femoral y la safena…Y tantas cornadas y muchos huesos partidos mermaron mis facultades. Y pensé en hacerme empresario.

Su empeño es darle a la plaza de Osuna una marca de seriedad y profesionalidad que la ponga en el escaparate de la fiesta. ¿Lo van a dejar los grandes intereses?

Muchos me han apoyado. Otros no. Pero yo me marco mi camino y lo haré a base de sacrificio.

Lleva cinco años intentándolo. ¿Ve que haya posibilidad de convertir el sueño en realidad?

Algún sueño ya he cumplido. He llevado a Osuna a figuras del toreo y a toros de Miura y Vitorinos. Y la gente me ha respondido.

Creo que es un empresario con pocos pases. Me refiero a que usted pone las condiciones del ganado y algunos maestros se echan para atrás…

Yo trabajo el circuito de toristas, o sea, el circuito de toros duros. En Osuna gusta esta clase de toreros como en otras plazas gusta el circuito de toreristas.

Haciendo amigos, ¿no?…

(Risas) No hombre, le insisto en que en Osuna gustan los toros duros.

A veces hay que pactar con el enemigo para sacar adelante un proyecto. Máxime cuando no se tiene un nombre, ni hay grandes capitales detrás del empeño. ¿Osuna lo respalda?

Tengo empresarios del pueblo, el mismo Ayuntamiento, también el Círculo Taurino de Osuna que están apoyándome. No quiero olvidarme de dos nombres que apostaron por mí desde el inicio: José Luís Cecilia y Diego Angulo. En el pueblo me quieren bien.

¿Qué cartel no podrá darle ya a su gente y a su pueblo, pero que le hubiera encantado darle?

José María Manzanares padre, Juan Antonio Ruiz Espartaco y Morante de la Puebla. Pero con el tiempo estoy convencido de que haré un cartel muy parecido.

Pegando carteles
En unas semanas lo operan de unas vértebras dañadas por una antigua cornada. Su cuerpo es un mapa cicatrices. Y su corazón un registro emocional de tres separaciones sentimentales por exigencias del toreo. Es un empresario atípico. Ni mercedes, ni habano. Por la mañana se le ve en vaqueros y con una camisa visitando empresas de la comarca para colocar entradas. Por la tarde con una gorra y un chándal pegando carteles. Nació en el humilde barrio de la barriada de Blas Infante y Veracruz, le encanta la Colegiata y el Cautivo. Se va a dejar los riñones por colocar la plaza de Osuna entre los cosos de renombre en el planeta de los toros.Un día, se levantó usted, hizo el maco y se fue haciendo autostop buscando tentaderos. Así fue su ingreso en la carrera ¿me equivoco?

Así fue. Buscaba ser figura del toreo y dejé mi casa con trece años. Me eché a las carreteras con un único objetivo: buscar tentaderos para hacerme torero.

¿Qué descubrió siendo un maletilla?

Lo bonito que es el toreo y conocer a figuras del toreo. Me hice un hombre siendo un niño.

Eran tiempos para soñar y torear lo que se moviese. También de hacer amistades inseparables, como en la guerra ¿no?

Amigos para siempre, como dice la canción. Allí a conocí a Cantito, Calerito y José Olivencia. Es como si los hubiera conocido en la compañía de un ejército en guerra. Se traban amistades inseparables.

Quién le enseñó a caminar por las carreteras y saber, por ejemplo, en Medina Sidonia, qué camino había que coger para ir a un tentadero.

Esos tres que te acabo de contar. Pero no solo por Medina Sidonia, sino por todos los caminos de España y Portugal. Con días que comíamos y otros que había que pedir para un bocadillo de tocino.

En algunos de esos tentaderos usted coincidió con los almirantes de la fiesta. ¿Lo trataron como a un incauto o como a un náufrago en lo alto de una patera?

Me trataron con mucho cariño. Y te hablo de figuras como Dámaso González, Espartaco, Curro Romero, José María Manzanares, Enrique Ponce, Joselito…

Manzanares padre lo dejó sin dormir una semana entera…

Me recogió un día haciendo autostop y me preguntó para dónde iba. Yo le dije que a una tienta en la finca de Torre Alta. Y el me dijo que no, que ese día me iba con él a Carlos Núñez. Estuve una semana sin dormir de la alegría.

Luego creo que fue su banderillero en dos o tres festivales…

Así es, tuve la fortuna de torear con el maestro en dos o tres festivales. Para mi fue cumplir otro sueño, torear a sus órdenes.

Más de ciento y pico de corridas toreó usted con picadores y sin picadores. Y también sufrió las corná de los animalistas…

En muchas ocasiones. Recuerdo bajar de la furgoneta de los toreros y escuchar insultos como estos: criminal, maltratador, ojalá te matara un toro. Nunca me quedé callado y les contestaba que eran malas personas.

De todo aquel aprendizaje qué sacó en claro para torear en la vida?

El respeto, la educación y aspirar a hacer alguien en la vida. Quiero devolverle a mis abuelos y a mis padres el esfuerzo que hicieron por sacarme adelante. Yo era de una familia muy popular.

Se puede decir que usted se hizo empresario de la plaza de toros a base cornadas?

A mí un toro me abrió la barriga en Almería, otro de la Quinta me abrió el muslo en la Maestranza, otro en Abenójar me partió la femoral y la safena…Y tantas cornadas y muchos huesos partidos mermaron mis facultades. Y pensé en hacerme empresario.

Su empeño es darle a la plaza de Osuna una marca de seriedad y profesionalidad que la ponga en el escaparate de la fiesta. ¿Lo van a dejar los grandes intereses?

Muchos me han apoyado. Otros no. Pero yo me marco mi camino y lo haré a base de sacrificio.

Lleva cinco años intentándolo. ¿Ve que haya posibilidad de convertir el sueño en realidad?

Algún sueño ya he cumplido. He llevado a Osuna a figuras del toreo y a toros de Miura y Vitorinos. Y la gente me ha respondido.

Creo que es un empresario con pocos pases. Me refiero a que usted pone las condiciones del ganado y algunos maestros se echan para atrás…

Yo trabajo el circuito de toristas, o sea, el circuito de toros duros. En Osuna gusta esta clase de toreros como en otras plazas gusta el circuito de toreristas.

Haciendo amigos, ¿no?…

(Risas) No hombre, le insisto en que en Osuna gustan los toros duros.

A veces hay que pactar con el enemigo para sacar adelante un proyecto. Máxime cuando no se tiene un nombre, ni hay grandes capitales detrás del empeño. ¿Osuna lo respalda?

Tengo empresarios del pueblo, el mismo Ayuntamiento, también el Círculo Taurino de Osuna que están apoyándome. No quiero olvidarme de dos nombres que apostaron por mí desde el inicio: José Luís Cecilia y Diego Angulo. En el pueblo me quieren bien.

¿Qué cartel no podrá darle ya a su gente y a su pueblo, pero que le hubiera encantado darle?

José María Manzanares padre, Juan Antonio Ruiz Espartaco y Morante de la Puebla. Pero con el tiempo estoy convencido de que haré un cartel muy parecido.

Pegando carteles
En unas semanas lo operan de unas vértebras dañadas por una antigua cornada. Su cuerpo es un mapa cicatrices. Y su corazón un registro emocional de tres separaciones sentimentales por exigencias del toreo. Es un empresario atípico. Ni mercedes, ni habano. Por la mañana se le ve en vaqueros y con una camisa visitando empresas de la comarca para colocar entradas. Por la tarde con una gorra y un chándal pegando carteles. Nació en el humilde barrio de la barriada de Blas Infante y Veracruz, le encanta la Colegiata y el Cautivo. Se va a dejar los riñones por colocar la plaza de Osuna entre los cosos de renombre en el planeta de los toros.

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